Dulces, y no tan dulces, memorias de Costas del Avestruz
Dulces, y no tan dulces, memorias de Costas del Avestruz. Deida Tormes Rovira, a sus 89 años, repasa una vida de trabajo entre los arroyos de Treinta y Tres y la dulzura de sus premiadas mermeladas en Tacuarembó.

¿De dónde es usted?
—De Treinta y Tres.
¿Y qué está haciendo en Tacuarembó?
—Me vine por enfermedad.Me salvaron los médicos acá y me quedé.
¿Hace muchos años?
—Y… hace como quince años.
¿Qué edad tiene usted ahora?
—Ochenta y nueve.
Ochenta y nueve años. Bueno, cuénteme algo de su vida, porque usted es de Treinta y Tres. Me dijo que es de Isla Patrulla, o cerca de allí…
—Todos nacimos… los hermanos, somos siete
hermanos, nacimos en la Costa del Avestruz Grande.
¿Dónde es?
—Y ahí cerca de Isla Patrulla. Y ahí trabajábamos
todos los hermanos por igual. La escuela es lo menos que pudimos ir.

Dulces, y no tan dulces, memorias de Costas del Avestruz.
¿A la escuela no fueron?
—No, a la escuela casi nada pudimos ir por la distancia que nos quedaba… y teníamos que pasar por tres arroyos. Si crecían, ya no íbamos.
Estamos hablando de ochenta años o más.
—Imagínese (se ríe), los años van pasando.
¿También nos contaron que usted y sus hermanos usaban tamangos?
—En el tiempo que se usaba tamango. Si queríamos ponernos algo en los pies, papá nos daba cuero de vaca y cortábamos y nos hacíamos los tamangos. Y pedazos de bolsa de arpillera, en tiras, y nos envolvíamos los pies. En eso nos abrigábamos.
Y después como fue su vida… ¿salió de ahí de niña, de joven?
—De joven salí… papá compró otra casa y nos fuimos y ahí, bueno, cambiamos de lugar, pero seguimos lo mismo. Íbamos a bañar ganado, íbamos a bañar ovejas, íbamos a dar toma, y había que ir de a pie. Se juntaba el ganado de a pie. Los hombres juntaban a caballo y nosotros de a pie.
¿Así que fue poco a la escuela?
—A la escuela… lo menos posible. Yo aprendí, aprendí mucho sola, porque lo que no sabía –no sabía escribir ni nada– preguntaba al que sabía. Entonces ahí fue que yo estudié, después de grande, de que me había casado, estudié Corte y Confección. Mi suegra sabía, entonces me enseñaron por la Latinoamericano.
Pero también usted hace mermeladas, hace dulces…
—Hago todos los dulces. Después estuve en el LATU unos cuantos años. Trabajamos en el tiempo de Jorge Batlle y la señora, que nos fue espectacular porque lo que nos enseñó… yo agradezco lo que nos enseñó. Íbamos cada pocos días; diez días estuvimos vendiendo en el LATU, y saqué los premios de la mermelada de tres frutas, que venían los embajadores y sacaban así de la mesa.
¿Cómo era la mermelada de tres frutas?
—De manzana, zanahoria y naranja. Y la de naranja sola, porque hacíamos de la naranja de ombligo. Solo naranja de ombligo cuando estaba bien madurita, linda, ahí yo hacía los dulces. Y de zapallo hacía, y de boniato, de pomelo rosado, de pomelo blanco… de todo hacía.
¿Y hacía alguna otra actividad?
—Sí, lo del campo, el campo y las mermeladas.
¿Tejer?
—Sí, sí, los tejidos. Aprendía por revista. Hacía tejidos y hacía los conjuntos, vestidos y chalecos… de todo hacía tejido.
Bueno, pero todo no era trabajo… ¿le gustaba divertirse o no?
—Y sí, pero no podíamos salir. No nos dejaban.
¿Después se casó?
—Y después me casé.
¿Y cuántos hijos tiene?
—Cuatro. El único que está acá es Roberto. El único varón. Una hija es modista en Montevideo, la otra tiene granja en Treinta y Tres, y la otra es modista también.
Ahora hábleme de Tacuarembó, ¿qué diferencia le encuentra con Treinta y Tres?
—Ah, mucho más grande, más actividades. Sí, acá hay muchas más actividades, sí.
¿Su vida diaria cómo es?
—Y mi vida diaria… estar sola y hacer las cosas que preciso y me gustan. Encargo por teléfono ahora que no puedo andar, me traen todo y yo hago, preparo todo.
Ahora le pido una reflexión ¿qué le diría a un joven, a una joven de quince años?
—Que trabajen y que estudien. Yo les pido que estudien y que no sean… Yo no tuve estudio, y la falta que me hace, debo andar pidiendo que me enseñen. Y nadie se niega a enseñarme, todos me enseñan. Y les pido que vayan adelante, estudien. Yo con mis nietas no me interesa que vengan a la casa los padres y estén unos días y que no vengan a verme, nos hablamos por teléfono, pero que no dejen de estudiar.
Tuvimos la oportunidad también de conversar con uno de sus hijos que vive en Tacuarembó y nos acotaba algunos otros detalles de la vida de Deida Tormes. Nos decía, que vivían en las costas del Avestruz Grande, en un establecimiento con campos parecidos a los de Minas de Corrales, en donde se plantaban 300 hectáreas de trigo a pata de buey y también se realizaban otras plantaciones.
Las costumbres de aquella época eran muy especiales en esa familia: solo los varones tenían derecho a la educación, incluso un varón, el mayor, tenía derecho a que una maestra le enseñara. Las mujeres no tenían derecho de educación.
Cuando salían a caballo, todos tenían que ir en la hilera, a la misma línea del patrón, del padre de ellos. Son siete los hermanos Tormes y muchos evidentemente que ya tienen problemas de salud.
Llevaban tropas de cerdos y de pavos, tropas de 1000 o 1500 pavos en una distancia de ahí de Avestruz a Tupambaé, entre 20 y 25 kilómetros. Las mujeres llevaban la tropa e iban a pie, y llevaban unas carretas porque volvían para el retorno.
Cerca había un pueblo llamado Matedulce, un pueblito que tenía esclavos, (evidentemente influencia de Brasil) incluso en ese establecimiento los había y eran los que trabajaban en estas 300 hectáreas de trigo.
Comenta el hijo de Deida que antes había mucha gente en la zona, ahora no hay nadie, hay solo taperas y está la forestación.
Dulces, y no tan dulces, memorias de Costas del Avestruz.

Mi nombre es Gastón Aldabe, integrante de Palenque Agropecuario un programa con 58 años en el aire, Conductor de Radio y TV en el departamento de Tacuarembò, dedicado específicamente a la información agropecuaria desde el año 2003, egresado como periodista del Instituto Profesional de Enseñanza Periodística de Montevideo Uruguay